Cuando la escatología
se convierte en acusación: el anticristo y el noveno mandamiento
Una reflexión bíblica, histórica y pastoral
Nota del autor
Este
artículo nace de una preocupación bíblica y pastoral por el uso del lenguaje
escatológico en espacios cristianos contemporáneos. No busca atacar personas ni
desacreditar ministerios, sino invitar a una reflexión responsable y a un
diálogo respetuoso entre quienes creemos en Dios, en la autoridad de las Escrituras
y en el valor de la verdad.
Señalamientos del “anticristo”, falso
testimonio y responsabilidad cristiana
Introducción
En la actualidad circulan numerosos videos, sermones y artículos en los que
pastores y ministros cristianos identifican públicamente a líderes políticos,
sociales o culturales como “el anticristo” o como su manifestación inmediata.
Estas declaraciones, difundidas masivamente por redes sociales, suelen
presentarse con un tono de urgencia apocalíptica y con escaso o nulo respaldo
bíblico verificable. El propósito de este artículo es examinar si esta práctica
es coherente con el testimonio del Nuevo Testamento y si, además, respeta los
principios éticos fundamentales de la fe cristiana, particularmente el noveno
mandamiento.
1. El uso bíblico
del término “anticristo”
El término “anticristo” (ἀντίχριστος) aparece exclusivamente en las cartas del apóstol Juan. En ellas no
se presenta como una figura política identificable ni como un gobernante
específico del futuro inmediato, sino como una realidad espiritual y doctrinal
que ya operaba en el primer siglo.
Juan afirma
explícitamente: > “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis
que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto
conocemos que es el último tiempo.” (1 Juan 2:18)
Más adelante
añade: > “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?
Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” (1 Juan 2:22)
Y nuevamente:
> “Todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de
Dios; y este es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que
viene, y que ahora ya está en el mundo.” (1 Juan 4:3)
Estos textos
muestran que el concepto bíblico de anticristo no apunta al señalamiento de
individuos concretos por nombre, sino al discernimiento de doctrinas, actitudes
y sistemas de pensamiento que se oponen a Cristo y a la verdad del evangelio.
2. El testimonio
apostólico y la ausencia de acusaciones personales
Ni Juan ni Pablo, ni ningún otro apóstol,
identificaron públicamente a gobernantes o figuras concretas como “el
anticristo”. Incluso en pasajes escatológicos como 2 Tesalonicenses 2, donde
Pablo menciona al “hombre de pecado”, el apóstol evita dar nombres, fechas o
llamados a la persecución.
Pablo escribe:
> “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga
la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.” (2
Tesalonicenses 2:3)
Y añade que su
manifestación estará acompañada de engaño: > “Con todo engaño de iniquidad
para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser
salvos.” (2 Tesalonicenses 2:10)
El énfasis
apostólico no está en identificar personas, sino en advertir contra el engaño
doctrinal y moral. Este silencio deliberado frente al señalamiento personal
contrasta notablemente con la práctica moderna de algunos predicadores que
atribuyen identidades apocalípticas a figuras contemporáneas sin base bíblica
clara.
3. El noveno
mandamiento y el problema del falso testimonio
El mandamiento “No darás falso testimonio contra tu
prójimo” (Éxodo 20:16) no se limita al contexto judicial. En sentido amplio,
prohíbe toda forma de difamación, acusación temeraria o atribución falsa que
dañe la reputación de otra persona.
La Escritura
advierte también: > “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla
mentiras no escapará.” (Proverbios 19:5)
Y nuevamente:
> “El que habla verdad declara justicia; mas el testigo mentiroso, engaño.”
(Proverbios 12:17)
Declarar que
alguien es “el anticristo” sin evidencia bíblica clara ni confirmación objetiva
constituye una forma de falso testimonio. Se le atribuye a esa persona una
identidad y una intención que no han sido demostradas, lo cual vulnera un
principio ético central de la ley de Dios.
4. Consecuencias
reales de un lenguaje irresponsable: lecciones de la historia
A lo largo de la historia, la acusación de ser
“anticristo” ha servido para justificar persecuciones, violencia e incluso
asesinatos.
Durante la Edad
Media, minorías religiosas fueron estigmatizadas bajo categorías demonizantes
que facilitaron su persecución. Más tarde, en el contexto de la Reforma,
católicos y protestantes se acusaron mutuamente de ser el anticristo. Martín
Lutero identificó al papado como anticristo institucional, mientras que sectores
católicos consideraron a los reformadores como agentes del anticristo.
Estas
acusaciones no quedaron en el plano teológico: contribuyeron a guerras
religiosas, ejecuciones y profundas divisiones sociales.
En el contexto
contemporáneo, donde los mensajes se difunden instantáneamente y alcanzan
audiencias masivas, el riesgo es aún mayor. Una declaración de este tipo puede
ser interpretada por personas emocional o mentalmente inestables como una
legitimación espiritual para la violencia.
Aunque quien
hace el señalamiento no ejerza la violencia directamente, sí contribuye a crear
el clima que la posibilita.
5. El contraste con
el ejemplo de Jesucristo
Jesucristo denunció el pecado, la hipocresía y la
injusticia, pero nunca llamó a identificar ni eliminar individuos como figuras
apocalípticas.
Jesús enseñó:
> “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1)
Y advirtió
sobre el poder destructivo de las palabras: > “Pero yo os digo que de toda
palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del
juicio.” (Mateo 12:36)
Cuando uno de
sus discípulos recurrió a la violencia, Jesús respondió: > “Vuelve tu espada
a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.” (Mateo
26:52)
El uso del
miedo, la deshumanización del adversario y la incitación indirecta al odio
contradicen el espíritu del evangelio y el ejemplo del propio Cristo.
6. Psicología del
miedo religioso y control espiritual
Diversos estudios en psicología de la religión han
observado que el miedo es una de las emociones más eficaces para moldear
conductas, especialmente cuando se combina con autoridad espiritual. El llamado
“miedo religioso” surge cuando conceptos teológicos —como el juicio, el castigo
o el fin del mundo— se presentan de forma desproporcionada o sensacionalista,
desconectados del mensaje bíblico de esperanza y redención.
En este
contexto, identificar figuras públicas como “el anticristo” puede generar un
estado de ansiedad constante, hipervigilancia y dependencia del líder religioso
que se presenta como intérprete exclusivo de los acontecimientos. Este
mecanismo reduce el pensamiento crítico y favorece la obediencia basada en el
temor más que en la convicción.
La Escritura,
sin embargo, establece un principio opuesto: > “En el amor no hay temor,
sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí
castigo.” (1 Juan 4:18)
Cuando el miedo
se convierte en la principal herramienta pastoral, se distorsiona la fe
cristiana y se sustituye la confianza en Dios por una espiritualidad de
supervivencia emocional. Este enfoque no produce madurez espiritual, sino
dependencia y vulnerabilidad al engaño.
7. Nota pastoral
dirigida a ministros y líderes cristianos
Este artículo no pretende cuestionar la sinceridad
de la fe ni el deseo de advertir al pueblo de Dios sobre el engaño espiritual.
Sin embargo, sí hace un llamado fraternal y respetuoso a pastores, maestros y
líderes cristianos a ejercer su ministerio con temor de Dios, prudencia y
responsabilidad.
La autoridad
espiritual conlleva un peso moral significativo. Las palabras pronunciadas
desde un púlpito, un canal digital o una red social no son neutrales: forman
conciencias, despiertan emociones y pueden influir profundamente en las
decisiones de otros. Por ello, señalar públicamente a personas como “el anticristo”
sin base bíblica clara ni consenso apostólico no solo expone a error doctrinal,
sino que puede causar daño espiritual, social e incluso físico.
El ministerio
cristiano está llamado a edificar, no a alarmar; a discernir, no a difamar; a
pastorear con verdad y amor, no con miedo. El apóstol Pablo exhortó: > “Así
que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Romanos
14:19)
Que la
predicación escatológica —cuando se aborde— conduzca a la esperanza, a la
santidad y a la fidelidad a Cristo, y no al temor, la división o el
señalamiento injusto.
Conclusión
La práctica de señalar
públicamente a personas como “el anticristo” carece de fundamento apostólico y
plantea serios problemas éticos a la luz del noveno mandamiento. Lejos de
edificar a la iglesia, este enfoque fomenta el temor, la división y el juicio
injusto.
La responsabilidad cristiana demanda un retorno al
discernimiento bíblico, al examen de doctrinas y frutos, y a un testimonio marcado
por la verdad, la prudencia y el amor. El desafío no es identificar al
anticristo en otros, sino permanecer fieles a Cristo en medio de un mundo lleno
de engaño y temor.



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